viernes, 10 de abril de 2009

9:19




No sabía que las mañanas fueran tan traicioneras ni que las camas fueran tan grandes cuando tengo un poco de nada. No sabía que las veredas tan estrechas fueran tan anchas, no sabía que sus ojos fueran como dos brasas. No sabía de todo un poco y cuando en la botella no quedaba nada, solo supe que no estaba